En el afluente hemisferio norte, donde la moda satisface cada capricho y vanidad, los zapatos anuncian de qué está hecho su usuario, su fama, su carrera, su disponibilidad sexual, incluso su política (los zuecos contra las botas de vaquero). Entonces, es confuso, estar caminando a través de un lugar donde los seres humanos — millones y millones de mujeres, hombres, y niños — se deslizan con el mismo estilo de calzado todas las mañanas: las baratas, democráticas, versátiles, plásticas sandalias de Etiopía. La pobreza conduce la demanda. La única marca es necesidad.


La protección escasa de las sandalias plásticas parece superflua en pies como los de Mohamed Haota, el camellero. Foto por Paul Salopek

Disponibles en una limitada paleta de colores químicos — negras, rojas, cafés, verdes, azules, púrpuras — los humildes zapatos de caucho son un triunfo de la inventiva local. Cuesta casi nada fabricarlos. Cualquier par puede ser obtenido por el equivalente a un día de trabajo en el campo. Son geniales — permiten al aire circular alrededor del pie en la quemante superficie desértica del Triángulo Afar. Y la reparación casera es universal: los dueños funden y reparan las correas plásticas sobre el fuego de leña. Las sandalias que en Etiopia rural se encuentran por doquier, no pesan nada. Son reciclables. Finalmente, modestas como son — el calzado de los más pobres de África — pocos otros zapatos pueden reclamar para sí su propio monumento de guerra (Soldados de ambos bandos de los largos y trágicos conflictos entre Etiopía y Eritrea las llevaron a su muerte en batalla).


Foto por John Stanmeyer-VII

Nuestra caravana binaria de camellos — A’urta, que significa “Cambiado por una Vaca”, y Suma’atuli, “Marcado en la Oreja” — se ha reunido por fin con sus dos largamente ausentes camelleros, Mohamed Aidahis y Kader Yarri. Estos hombres nos alcanzaron desde nuestro punto de partida en Herto Bouri, cruzando paisajes de grava y tierras baldías arrugadas luego de días caminando a paso rápido. Siguiendo las costumbres de vida locales, no pedimos explicaciones, ni las ofrecieron, con respecto a la naturaleza de su atraso de una semana. Estaban atrasados. Ahora están con nosotros. Ambos calzan pares de sandalias plásticas verde-lima.


El guía Ahmed Alema Hessan (izquierda) usa los “zapatos americanos de caminata” que el pidió para el viaje. Pero los camelleros Mohamed Aidahis (centro) y Kader Yarri recorren millas de la forma en que la mayoría de Etíopes rurales lo hace – usando una onza de plástico moldeado en cada pie. Foto por Paul Salopek

La superficie del Valle de la Gran Grieta es un palimpsesto de huellas estampadas en el polvo por millones de suelas de plástico moldeado. Aún así, si bien las populares sandalias de Etiopía son producidas en masa, sus usuarios no lo son. Arrastran su talón izquierdo. O marcan al pisar una brasa, el logotipo moldeado del zapato derecho.

Logotipo impresa en cada pisada: un objeto no hecho en China. Foto por Paul Salopek

Ahmed Alema Hessan, nuestro guía a través del norte del Valle de la Gran Grieta de Etiopía, se arrodilló el otro día en el camino, examinando las interminables impresiones de zapatos. “La’ad Howeni estará esperandonos en Dalifagi”, dijo Alema, apuntando a una huella de sandalia. Efectivamente, La’ad nos esperaba en Dalifagi.