Cuando los primeros Homo sapiens anatómicamente modernos salieron de África rumbo a  la península arábiga, los mares de la región eran menos profundos y las colinas más verdes. Herramientas de piedra halladas  en Oman recientemente demuestran que la fecha de este primer paso crucial  fue, en realidad, aún más temprano --  como 40 milenios antes de lo que se había pensado o 106,000 años atrás. Si estos trotamundos se extinguieron o popularon el resto del mundo (como afirma la teoría “Fuera de Arabia”)  sigue siendo una pregunta abierta.

Lo que es innegable era su necesidad de cargar agua.

El peso del agua es una experiencia sensorial que la mayoría de la humanidad moderna ha olvidado.  (Esta nueva moda rara de pasear con botellas de agua no cuenta). El agua pesa mucho: nueve libras por galón.  Llevar provisiones suficientes  de esta sustancia vital por las costas o por millas al interior en busca de rebaños de caza silvestre requiere fortaleza e ingenio. ¿Qué habrán utilizado como recipientes? Nadie sabe. Las cantinas, los cubos, las jarras -- tales herramientas fueron hechas de materiales perecederos. Pero la cacería de presas puede haber estimulado una innovación que perdura hoy en  día entre los pastores que quedan en Arabia Saudita: la gurba-- un contenedor de agua fabricado con piel de cabra.

El guía de mi camello, Awad Omran, adaptó el antiguo desafío de conquistar la sed al mundo contemporáneo.  Construyó para nuestra pequeña caravana un refrigerador de agua utilizando solo materiales desechados -- montones de basura desechada alrededor de una granja en Umlajj.