Tomates

Oct. 9, 2015, 10:16 a.m.
Cerca de Al Quweirah, Jordan, 29°42'56" N, 35°17'14" E

 

Partiendo del desierto llegamos a donde la tierra sube y baja debajo de nuestros pies en rizados largos como pana -- campos de arena arados. Las colinas de Wadi Rum se desvanecen en colores naranjas. Atardece y cada minuto que pasa se pone más frío. Un sendero serpentea por la espesa oscuridad hacía las carpas brillando amarilla desde adentro. Como las medusas a la deriva en la mar bajo la noche. Atamos las dos mulas de carga a rocas grandes. Nos acercamos a la primera carpa.

 

“Sala’am aleukum,” saluda mi guía Hamoudi Enwaje’ al Bedul.

Otro día de vida. Una refugiada con su hija esperan a que el sol caliente el mundo. Foto por Paul Salopek

 

La Carpa, que estaba llena de voces, queda en silencio. Un hombre abre la puerta y después de un corto intercambio en Árabe nos invita con la mano. Adentro hay quince personas sentadas en colchones de espuma. Una mujer con cara triste, vestida con suéteres y con tatuajes que salpican sus mejillas arrugadas, carga madera en el horno de leña. Nos invita a sentarnos en un círculo de niños con cabello salvaje que nos miran fijamente. Nos sirve té con miel, brócoli frito, tomates frescos y encurtidos verdes.

 

“No hay carne”, el hombre se disculpa. “Aquí solo soñamos con pollo.” Todos los demás se ríen.

 

Recolectan tomates. Son beduinos sirios.


El campo de tomates espera. Luego hay otro. Y allá -- otro. Foto por Paul Salopek

 

Oficialmente hay 550.000 refugiados sirios en Jordania. Pero la mayoría de las personas saben que no es así. La cifra verdadera puede ser el doble. Decenas de miles de refugiados se marchitan en campamentos gigantes de las Naciones Unidas mientras otros van a la deriva hacia barrios y tugurios urbanos donde mendigan en intersecciones. Muchos otros, como los 104 acampados a fuera de Al Quweriah, alquilan sus músculos en las granjas del desierto. Muchos jordanos se quejan amargamente de estos huéspedes. El desempleo es muy alto - la gente pobre local no puede encontrar empleo. Este pequeño país ha sido impactado  a través de los años por multitudes de refugiados Iraquis, por los Palestinos largamente sin hogar y por los emigrantes huyendo de los problemas de Egipto. Los Sirios son los más recientes vecinos en llegar. Son una ola de gente desplazada que viene de miles de años atrás.  Desde las conquistas de Babilonia hasta los nómadas que deambulaban en el desierto encabezados por Moisés.

 

Nuestro anfitrión - un pequeño hombre, agradable y enérgico, cuenta esta historia:

 

A raíz de los alzamientos populares de la Primavera Árabe en el verano de 2011, Bashar al-Assad, el oftalmólogo sin barbilla que preside sobre el matadero llamado Siria, mandó los tanques hacía su propia gente. Las bombas destruyeron  las panaderías,  surcaron los parques y taladraron bloques de apartamentos. Los soldados fusilaron cada oveja y vaca a la vista. Cultivos de trigo fueron incendiados. “Quemamos los papeles familiares y los zapatos para sobrevivir el frío del invierno” dice. “No había pan. Intentamos comer el pasto para quitarnos el hambre.” Una noche él y su familia aprovecharon  su oportunidad, -- nos demuestra con un amplio movimiento de su brazo por la carpa -- se escaparon por el cerco y cruzaron a Jordania. La nieve en los pasos de montaña llegaba hasta las rodillas -- llevaron a los niños más pequeños.


En el campo de recolectores de tomates, 40 de los los 104 refugiados Sirios son niños. Foto por Paul Salopek.

 


“La guerra, la guerra, la guerra. Adiós Siria.” Se palmotea los manos como si se estuviera quitando el polvo. “¡Se ha terminado!”

 

Los recolectores vinieron de la misma provincia Siria, de aldeas cercanas a la ciudad antigua Hama. ¡La pobre Hama, siempre desafortunada! En 1982 el dictador del país del momento -- el padre de Al-Bashar -- arrasó la ciudad durante un alzamiento. (Se cree que el derrocamiento  del primer presidente electo fue apoyado por la CIA en 1949 y que  introdujo una serie de golpes de estado que culminaron con el régimen de Al-Bashar.) Hama cayó a manos de Tamerlán en 1,400. En el año de 1,108 cayó a los Cruzados  y antes de eso fue conquistada por los ejércitos musulmanes en el siglo séptimo. Hace casi 3 mil años, el Conquistador Asirio Sargón II capturó a Hama y despellejó vivo el rey.

 

Unos 120,000 han muertos en la guerra civil del momento. Le pregunto al anfitrión si ha perdido a miembros de su familia en el conflicto. Asiente. Un hermano. Un hijo. Fueron fusilados por la tropa gubernamental en Hama. La mujer se levanta y sale de la carpa. No regresa. Todos nos sentamos en silencio por un momento debajo su obra: unos bordados llamados sarma que  ha colgado en la pared de la carpa. Ella trajo estas piezas blancas y de oro a través de la frontera con Jordania.   

 

En la mañana gélida, Hamoudi y yo subimos las alforjas sobre las mulas. Los animales se hartaron de tomates pasados -- los campos de alrededor  están llenos de ellos. Hamoudi, un hombre tribal, un Beduino, le entrega a la mujer su chaqueta. Ella regresó a hacer té. Le da nuestro queso.

 
“Es queso”, le asegura. Levanta el queso hacía su frente. “Gracias a Dios” murmura. Salimos a caminar.

 

“Solvatur ambulando” Diógenes proclamó. “Se resuelve al caminar”. ¿Pero de veras se cree que el dolor se desaparece caminando? Es como estos malditos tomates. Dado que las manos los recogieron por $11 al día, uno creería que deben ser incomibles -- demasiado amargos para tragar. Tóxicos de aflicción.  Pero no son. Son tomates buenos. Sabe bien.